lunes, 7 de octubre de 2013

La banca, la banca que me hizo llorar




Ignoró el año en que esa banca se estableció en la Plaza principal de áquel pueblo, desde niña asistía año con año,  sin prestar atención a mi raíz. Era muy pequeña, luego muy joven cuando regresé ya con una visión más clara y más revolucionaria de mi vida.
La historia de mi familia paterna me parecía un enigma, sólo conocía a la familia materna de parte de padre y a unos cuantos tíos,hermanos de mi padre por parte de su padre. Aún así  las indagaciones seguían.  Amaba profundamente ese pueblo, por el contenido simbólico y lo que represetó para mi.
 Mi abuelo Don Miguel Carranza, a quien conocí por una vieja fotografía, sabía que vivió muchos años en Alaska, fumaba mucho y el efisema se lo consumió, no pude conocerlo. De mi abuela, lo mismo una vieja fotografía,una bella mujer que decían muchos se parecía a mi, ella había muerto víctima de cáncer de seno que luego se le paso a la matriz, y falleció.
Recorrer las calles, llenarme de lodo y de tierra los zapatos significó  tanto, mi origen, un pueblo lleno de casas de adobe, de gente que ya se está extinguiendo en las zonas urbanas, la casa donde nnació mi padre, hoy hecha ruinas, llena de plantas y maleza, pudiera jurar que las paredes contarían mil historias, la casa de mi padre, al tocar los adobes, respirar la esencia y respirar el aroma .
Mi padre no está, pero sí estuvo a mi lado conmigo, esa noche sentada en una banca, lo escuché contarme tantas historias. Hoy tengo un objetivo en la vida, No quiero morir sin haber aprendido a hablar purepecha,

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